Sobre la verde grama mirad a Matzallani
Chispeando con sus labios la brisa vecinal
Y mientras cae del cielö, una llovizna frágil
Reposan por sus dedos melancolias del mar.
Y sus pestañas negras, más negras que la nada
Ocultan en sus sombras el eco de una pena
parecen dos abismos que envuelven la mirada
un soplo de silencio, y la ausencia que envenena.
Me acerco entre las sombras, la observo en su desvelo,
sus labios son la noche que alumbra en el paraje.
En ellos dejo un beso, tan tenue como el viento.
Suspira y me contempla, su rostro es oro y cielo,
las cejas discontinuas, brillan la suave tarde.
Y caen las nubes recias en el crujir del tiempo.