Es verdad que el corazón ya no latía
Por tus manos y tu beso y tu pecho
Que a razón tuya, moría de despecho
Que el sabor amargo mi querer hendía.
Y al redactarte en ésta onírica elegía
Quebrado el sentimiento por asecho
Con el semblante mudo e insatisfecho
Daba inicio a ésta mi efímera agonía
Tú tendida, tu rostro huraño y esquivo
Perdida siempre en el abismo inerte
Tu aliento del universo captivo.
Y yo exiguo, leve y derruido al verte
Jamás por otro amor, me sentí vivo
Nunca lloré, tanto como en tu muerte