Pasaré sin dejar la huella de mis versos
sin que el aire a donde hiera me recuerde.
Y caminando mis manos abriran en negrura
lo que mis pálidos ojos no vean, no sientan.
Que no yaciere en derredor más que cirios
más que pobres y ahogadas jaculatorias.
Sin otro aroma perenne que el cempasúchil
sin sonido recio más que un "Gratia Plena".
Y yo enclaustrado, a grises labios secos
a carne livia, hundida, acartonada.
Esperando un vistazo de húmedos ojos ajenos
para irme despedido, al no retorno.