Podré olvidarte, acaso de una noche
Acaso de éste oscuro y nublado cielo.
Podré olvidarte al calor de octubre
Acaso imperceptible, a ratos divergente.
Olvidar, por ejemplo, tus dulces ojos fríos
Serenos y altivos, cafés como ningunos.
Olvidar, a ratos, tus labios carmesíes
Que adornban los míos de cuando en cuando.
Ignorar entonces, tu suave y livio cuerpo
titilando frente mío a pasos de una vieja estera.
Trascordar que en mis caricias te perdías
Y que al aire caliente bajaban tus respiros.
Podré olvidarte, supongo a raíz de mis versos
A la voz de un carente de fe alivio
Y quemando tus estigmas en mi espalda vivos
Al papel de éste último poema que te escribo.