Viviré junto a ti cuando pase el temblor
cuando tus divinos sueños se realicen
aquel día que por fin seamos uno del otro.
Y seguro estoy que seré tuyo
y segura estás que has de ser mía
y en la contraesquina del campanario
sellaremos nuestra historia.
A la oscuridad de lo que no llega
de las voces que diluyen frustración
de las tantas noches verdeazules
que conminan de estrés nuestras cabezas.
Viviendo tranquilos en un sólo mundo
muriendo de amor en un sólo sueño
muertos de nada que tanto estorbe
vivos de todo cuanto nos colme.
Aunque sean mis voces calladas
solas sin parecer corresponderte
y pese a que las tuyas, divinas sean
dan aire de vida a todo mi ser.
Que seas tú la primera y la última
que seas por siempre mi eterna
que sea de ti lo que tantas noches pasa
que tus oriónicos ojos sean mi alba al despertar.
Que por fin exista en figuras
el hoy lejano mundo de mi almohada.
Y daría todo cuanto me tengo
por ser feliz, eterno a tu lado
morir así, cerca de ti.
Aunque al fin de mis tiempos
deba decirte adiós.
Aunque me duela en el alma
y sufra de horror tu despedida.
Partiré de tu puerto algún día
Hacia donde no estés, vida mía
feliz de haber sido tuyo
feliz de que seas mía.
Muerto sin regreso
Feliz, mi amor.